Preexistencias y periodos de espera, sin rodeos
Una preexistencia es un padecimiento que ya existía antes de que iniciara tu póliza, aunque no tuvieras diagnóstico. Las aseguradoras lo determinan con tu expediente médico, no con tu memoria. Por eso el momento crítico de un seguro de gastos médicos no es la reclamación: es el cuestionario de la solicitud.
La tentación de omitir un padecimiento para que no lo excluyan es entendible y es el peor negocio posible. Si aparece durante el ajuste, la aseguradora puede rescindir el contrato por declaración inexacta y quedas sin cobertura con el gasto encima. Declararlo, en cambio, tiene tres salidas posibles: cubrirlo con sobreprima, excluirlo por escrito, o excluirlo con revisión a los dos o tres años.
Los periodos de espera son distintos. Son plazos que deben transcurrir desde el inicio de vigencia para que ciertas coberturas apliquen, aunque el padecimiento sea nuevo. Maternidad suele pedir 10 meses o más. Padecimientos como hernias, várices, amígdalas o cálculos también traen espera, normalmente de seis meses a un año.
La consecuencia práctica es simple: la antigüedad de una póliza vale dinero. Cambiar de aseguradora reinicia esperas y vuelve a revisar preexistencias. Antes de moverte por una prima más baja, conviene calcular qué antigüedad estás tirando a la basura. Es exactamente el cálculo que hacemos contigo antes de recomendarte un cambio.
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